Traduzco, luego olvido

El uso continuo de Internet en la profesión del traductor: ¿aliado incondicional o enemigo silencioso?

2. Traduzco, luego olvido_photo

Todos sabemos que el advenimiento de la red informática mundial, mejor conocida como Internet, ha sido, quizás, el avance tecnológico más importante desde la invención de la imprenta, simplificando y acelerando la búsqueda de información de maneras inimaginables hasta hace unas décadas. Lo que tal vez sea novedad para algunos es que ya están empezando a sentirse sus consecuencias nefastas en la capacidad de atención y concentración y en la memoria de quienes usan Internet de continuo. En este sentido, los traductores no somos la excepción: tanto para los que nacieron en la era digital como para los que fuimos testigos asombrados de los actuales avances en tecnología de la información, el uso de Internet en nuestra profesión es imprescindible y ya no podemos imaginar trabajar de otro modo. Es más, los límites son bastante difusos y tampoco podemos imaginar prescindir de Internet en nuestra vida personal. Tendremos que hallar maneras de evitar que ello nos lleve a prescindir de funciones básicas de nuestro cerebro.

La labor del traductor, en cifras

Un traductor típico traduce habitualmente tres mil palabras por día; puede decirse entonces que, en promedio, la cantidad de palabras que traduce por hora es de aproximadamente trescientas y, por minuto, de alrededor de cinco. Esto significa que los traductores tomamos al menos dos «microdecisiones» terminológicas por minuto mientras trabajamos, y que la cantidad de microdecisiones de este tipo que tomamos en un día cualquiera es de alrededor de mil doscientas.

Mil doscientas veces al día nos entregamos al desafío de encontrar en nuestra lengua el equivalente a una palabra en un idioma extranjero o viceversa. Si el texto que estamos traduciendo no nos es absolutamente familiar, o si no está escrito de manera clara y coherente, la magnitud de ese desafío puede multiplicarse exponencialmente.

Es aquí es donde entra en escena el recurso que ha transformado más profundamente la labor de investigación del traductor: el uso de Internet. Para los traductores experimentados, dedicados a un campo de especialización específico, es relativamente sencillo encontrar fuentes de información confiables que nos permitan trabajar con mayor rigor y celeridad. El uso de Internet es un recurso prácticamente indispensable, por ejemplo, en la compilación de corpus lingüísticos de especialidad, una de las herramientas de uso habitual en nuestro trabajo, que nos permite determinar cómo se expresan y escriben los especialistas.

En la actualidad, sería impensable traducir sin un acceso a Internet rápido e ininterrumpido. De hecho, muchos nos aseguramos de tener más de un proveedor de servicios de Internet como parte de nuestro plan para contingencias. Lo que muchos de nosotros nunca previmos es que las mil doscientas microdecisiones que solemos tomar diariamente en nuestras diez horas diarias de conexión, durante cinco, seis o siete días a la semana, terminarían cambiando la manera en que funciona nuestro cerebro, nuestra habilidad para recordar rápidamente datos básicos y nuestra capacidad para concentrarnos en lecturas relativamente cortas.

Efectos negativos de la facilidad de acceso a la información

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano siempre ha confiado no solo en la información almacenada en su propio cerebro, sino también en los datos específicos de cuya preservación son supuestos responsables otros miembros de su grupo social. En el hogar, por ejemplo, puede ser la madre la que habitualmente recuerde las fechas de cumpleaños de toda la familia y el padre el que sepa qué club de fútbol quedó en tercer lugar en el campeonato mundial hace diez años.

Esta distribución de la memoria evita la duplicación innecesaria de esfuerzos y sirve para ampliar la memoria colectiva del grupo. Al desligarnos de responsabilidad por cierto tipo de información, liberamos recursos cognitivos que, de otra manera, hubiéramos tenido que utilizar para recordar esa información, y los usamos para incrementar la profundidad de nuestros conocimientos en las áreas de las que nos consideramos a cargo.

Ya Sócrates se quejaba de que los libros eran enemigos de la memoria, dado que los individuos, en lugar de recordar las cosas por sí mismos, habían comenzado a depender de la palabra escrita. Actualmente, a todos los fines prácticos, ha dejado de ser eficiente usar el cerebro para almacenar información. Debemos reconocer que el uso casi permanente de Internet tiene efectos formidables en nuestra vida. Hay quienes comparan Internet con un «cerebro fuera de borda» o un disco rígido externo, con una capacidad de memoria muy superior a la que tiene —o necesita— un cerebro humano, y preocupa a los investigadores que sea tan adictivo como el alcohol o el tabaco, alentando el mismo tipo de comportamientos compulsivos.

La facilidad para acceder a la información, una de las ventajas fundamentales del uso de Internet, está teniendo hondos efectos en nuestra capacidad para retener la información adquirida. Se han realizado estudios que indican que puede alterar los mecanismos del cerebro responsables de la memoria a largo plazo. Según Elias Aboujaoude, doctor en medicina, psiquiatra e investigador de la Universidad de Stanford, «¿Para qué preocuparnos por recordar cuando tenemos toda la información a un clic de distancia? Memorizar se ha transformado en un arte perdido».

 Hoy en día, podemos acceder instantáneamente a la totalidad de la memoria humana a través de Internet con solo realizar una búsqueda rápida. Muchos afirman que, a causa de esta inmediatez, Internet está menoscabando nuestras facultades cognitivas, socavando el impulso de guardar información en nuestros propios bancos biológicos de memoria, en lo que se ha dado en llamar el «efecto Google».

En su controversial artículo Is Google Making Us Stupid?, Nicholas Carr, escritor norteamericano, experto en las nuevas tecnologías de la comunicación, afirma: «En los últimos años, he tenido la incómoda sensación de que alguien o algo ha estado jugando con mi cerebro, reestructurando mis circuitos neuronales, reprogramando mi memoria. Hasta donde puedo decir, mi mente no está fallando, pero definitivamente está cambiando».

Dos plagas de la era de la información: la sensación de saber y el fenómeno de la punta de la lengua

Dos de los fenómenos más notables causados por el uso continuo de la tecnología para acceder a la información son la incómoda sensación de saber (convicción de que se posee cierta información a pesar de no haber podido recuperarla de la memoria en un momento determinado) y el fenómeno de la punta de la lengua (estado similar a la sensación de saber, pero en el cual la recuperación se percibe como inminente).

Los traductores hemos dejado de esforzarnos por recordar datos, para tratar de acordarnos de cómo y dónde encontrarlos. Si se nos pregunta, por ejemplo, por la traducción de una parte específica y poco conocida del cuerpo humano y no la recordamos inmediatamente, lo más probable es que nuestra reacción inicial no sea pensar en la anatomía humana en absoluto, sino tratar de ver cómo resolver nuestra duda a través de Internet. Además, hay estudios que demuestran que, una vez hallado el dato que buscamos, tendemos a memorizar no el dato en sí mismo, sino cómo y dónde lo hemos encontrado para franquear más fácilmente esa dificultad si vuelve a presentársenos más adelante.

Efectos negativos de la adaptación al exceso de información

Ya dando por sentado el hecho de que los traductores recurrimos casi automáticamente a realizar una búsqueda en Internet antes de sondear nuestra propia memoria, debemos admitir que la enormidad de la información disponible en Internet supera nuestra capacidad para asimilarla, al menos en un lapso razonable. Es así que comenzamos a utilizar, muchas veces intuitivamente, una serie de técnicas que nos permiten adaptarnos a tal exceso de datos.

Entre las más comunes se destacan:

  • la lectura exploratoria (skimming), una lectura rápida y activa, focalizada en determinar cuál es la idea general del texto; utilizamos estrategias como ubicar palabras clave y valernos de ayudas tipográficas (texto en negrita, texto resaltado, títulos, subtítulos, gráficos y sus encabezados);
  • la lectura analítica rápida (scanning), una lectura orientada a buscar los datos deseados, ignorando el resto del contenido; en este caso, lo que hacemos es «barrer» el texto con la vista, buscando nombres propios u otras palabras, números, fechas u otros datos específicos.

Ocasionalmente, también recurrimos a lo que podríamos llamar una vista previa, que nos ayuda a determinar si el material es apropiado y puede resultarnos útil. Las estrategias que utilizamos en este caso incluyen examinar el título a fin de realizar conjeturas acerca del contenido del material, determinar el nombre del autor, la fecha de publicación, etc., para sacar conclusiones acerca de si el material es pertinente, leer el prólogo o la introducción en búsqueda de información relevante, o revisar el índice para hacernos una idea general del contenido.

Estos métodos hacen que podamos acceder a una gran cantidad de información en un espacio de tiempo mucho más breve, pero se está llegando a la conclusión de que, a la larga, estos hábitos de lectura nos impiden concentrarnos largo tiempo en la lectura y nos hacen más propensos a la distracción.

Si bien esto no afecta mayormente el proceso de traducción en sí mismo, de por sí ágil y muchas veces caracterizado por intensas descargas de adrenalina, empieza a notarse, sí, cuando nos enfrentamos a la corrección o revisión de un texto, propio o ajeno. Es posible entonces que apliquemos automáticamente, casi sin darnos cuenta, estos mismos métodos de lectura, con las consecuencias que pueden inferirse rápidamente. Muchas veces nos descubrimos leyendo un texto «a vuelo de pájaro», cuando deberíamos estar haciendo una lectura detenida y cuidadosa, palabra por palabra, prestando atención a signos de puntuación y errores que podrían burlar las defensas del corrector automático. La lectura rápida puede transformarse en nuestro peor adversario cuando trabajamos como correctores o revisores.

También se está empezando a percibir que estos hábitos de lectura, que tan útiles nos resultan en nuestro trabajo, van impregnando poco a poco también nuestra vida personal. En este ámbito, podemos llegar a encontrar difícil leer noticias o artículos extensos e incluso libros, e impacientarnos cuando nos hallamos ante argumentos largos. A estas alturas, la búsqueda perentoria de información se convierte para nosotros en algo así como una obsesión. La misma tecnología que nos permite ser cada vez más ágiles también nos va llevando a tener comportamientos cada vez más rígidos.

Cómo contrarrestar, al menos en parte, el efecto Google

La buena noticia es que, si nos lo proponemos, podemos revertir, aunque sea parcialmente, estos efectos.

Las herramientas más útiles parecen ser evitar en lo posible la lectura rápida e irreflexiva, concentrándonos en realizar una lectura profunda y atenta y haciendo un esfuerzo consciente por consolidar la información. En otras palabras, evitar la distracción y alimentar la memoria a largo plazo[1], los dos aspectos más afectados por el uso constante de Internet en nuestro trabajo diario.

Tengamos en cuenta que, además de ser placentero, leer profundamente estimula el almacenamiento de información en la memoria. En su ensayo Traducción – Interacción: lecturas interactivas e interaccionales como preparación a la traducción, Jeanne Dancette habla de la utilidad de «resumir, detenerse en los obstáculos dando marcha atrás para verificar o aclarar un punto, y hacer anticipaciones o predicciones sobre el texto». Estos pueden ser buenos puntos de partida para [volver a] desarrollar nuestra capacidad lectora y, tal vez, recuperar nuestro antiguo placer por la lectura.

Hagamos un pequeño paréntesis aquí para reflexionar acerca de cómo llevar esto a la práctica traductora, tanto en que respecta a la atención en la lectura como a la consolidación de la información en la memoria a largo plazo y el uso de nuestros propios recursos internos.

  • Si bien todos sabemos de la urgencia que caracteriza la mayor parte de nuestros encargos, leer atentamente el texto y detenernos en los obstáculos que pueda presentar antes de comenzar a traducir podría ser una excelente manera de encarar cualquier trabajo. Muchos ya lo hacemos habitualmente, pero a todos nos serviría para comprender profundamente el texto antes de pretender volcarlo fielmente a la lengua de destino.
  • También sería sumamente útil perder unos minutos, o incluso solo unos segundos, tratando de recordar términos o expresiones que ya conocemos —o, si esto no es posible, hacer algún tipo de anticipación o predicción— antes de realizar una búsqueda en Internet.

El hecho de realizar el esfuerzo de memorizar sirve para reeducar el cerebro, ya que modifica nuestras sinapsis cerebrales de modo de poder aprehender ideas y habilidades nuevas no solo en el momento presente, sino también en el futuro.

Para lograr este almacenamiento de información en la memoria a largo plazo se requiere pasar por un proceso conocido como consolidación. Si la información no se consolida, se olvida. Almacenar datos y establecer conexiones entre ellos requiere un alto grado de concentración y compromiso intelectual o emocional. Si utilizamos Internet sistemáticamente como recurso inmediato para sustituir el uso de nuestra propia memoria, sin atravesar el proceso interno de consolidación, no tardaremos en ver los resultados en nuestra memoria a largo plazo.

Por último, es interesante recordar que, dada la manera en que funciona el cerebro, la generación de recuerdos duraderos es un proceso que requiere del transcurso de varias horas y ocurre fundamentalmente durante el descanso. Es por ello que descansar apropiadamente también es esencial para no olvidar lo aprendido.

Conclusión

Cuanto más usamos Internet, impulsados velozmente de una página a otra por motores de búsqueda e hipervínculos, más entrenamos al cerebro para la distracción, para el procesamiento rápido y eficiente de la información, pero sin una atención sostenida. Tratemos de actuar rápidamente para evitar que esto nos afecte permanentemente y recordemos, por último, que para el cerebro humano —que no para las computadoras— el cielo es el límite.

 

Nota al pie

[1] Podemos hablar de tres tipos de memoria: la memoria sensorial, que puede durar unos segundos y se hace evidente, p. ej., al «recuperar» de la memoria algo que acabamos de escuchar, tras la apariencia de no haberlo comprendido; la memoria a corto plazo, que puede durar unos minutos e incluso horas, y la memoria a largo plazo, que puede durar años.

 

Este artículo también puede leerse en inglés:

Keep yourself from losing your memory to the Internet
Unplug. Slow down. Search your brain.

 

Agradecimiento:

Imagen publicada con permiso del autor, el fotógrafo Salvatore Dore: https://www.flickr.com/photos/jmind2_0. Todos los derechos reservados.

 

Referencias bibliográficas

American Psychological Association, APA, 2010. APA. Diccionario conciso de psicología. 1st ed. Colombia: Editorial El Manual Moderno.

Carles Soriano Mas, 2007. Fundamentos de Neurociencia/ Fundamentals of Neuroscience (Manuales/ Psicologia) (Spanish Edition). Edition. EDIUOC.

Greenblatt, A., 2010. Impact of the Internet on Thinking: Is the Web Changing the Way We Think? CQ Researcher, [Online], Volume 30, Number 33, 773-796. Available at: http://www.sagepub.com/ritzerintro/study/materials/cqresearcher/77708_interthink.pdf [Accessed 18 May 2015].

Lecto-comprensión de la lengua inglesa. 2012. Textos en inglés y en español: elementos en común. [ONLINE] Available at: http://monterofabiana.blogspot.com.ar/2012/10/teoria-y-actividades.html?view=magazine. [Accessed 18 May 15].

Nicholas Carr. 2008. Is Google Making Us Stupid? What the Internet is doing to our brains. [ONLINE] Available at: http://www.theatlantic.com/magazine/archive/2008/07/is-google-making-us-stupid/306868/. [Accessed 17 May 15].

Nicholas Carr, 2011. Superficiales (The Shallows) (Spanish Edition). Edition. Taurus.

Rodríguez, E. (2003). La lectura. Cali (Valle, Colombia): Programa Editorial Universidad del Valle.

Wegner, Daniel M. et al, 2013. The Internet Has Become the External Hard Drive for Our Memories. Scientific American, [Online], Volume 309, Issue 6 , N/A. Available at: http://www.scientificamerican.com/article/the-internet-has-become-the-external-hard-drive-for-our-memories/?page=1 [Accessed 18 May 2015].

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Inteligencia artificial

Botis fue la primera traductora robótica. La Compañía había decidido dotarla de apariencia femenina, aunque nunca se supo bien por qué. Era de una belleza tradicional,  naturalmente delgada, estilizada y atlética, el cabello siempre perfecto, los ojos nunca cansados, la espalda nunca dolorida.

Llevaba un traje de titanio ligero y resistente que había acabado con uno de los debates más generalizados entre los traductores del siglo XXI; no más discusión con respecto a piyamas sí o piyamas no. Como la comida y la bebida le eran indiferentes, el consumo excesivo de café y comida chatarra que había caracterizado a muchos de sus antecesores humanos había dejado de ser un problema. Tampoco necesitaba dormir ni descansar ni hacer pausas ni tomarse vacaciones… algo impensable años atrás.

Aunque era solo un prototipo, sus redes neuronales, algoritmos informáticos inspirados en el cerebro humano, ya eran capaces de traducir a una velocidad extraordinaria. Traía instaladas todas las memorias de traducción recopiladas a lo largo de la historia y la versión premium del conjunto de programas Ventanas de Oficina, y podía resolver los fallos catastróficos que continuaban ocurriendo a pesar de la gran evolución tecnológica que había transformado el mundo moderno. De hecho, era de total propiedad de Microsoluciones en Ventanas, la compañía que, con sus soluciones automáticas, había llegado a dominar gran parte del mercado de traducción conocido universalmente como low-cost.

Lo único que desconcertaba a Botis era por qué, pese a todo, aquellos traductores humanos seguían viniendo todas las mañanas a instalarse a su lado para revisar sus traducciones. ¡Sus traducciones! A sus campos de especialización individuales habían agregado la posedición de traducciones automáticas. Y los escuchaba hablar enfáticamente de años de estudio y de experiencia de trabajo y capacitación que, según ellos, les permitían tener lo que se empeñaban en llamar “criterio”. Pero de eso, claro, ella no entendía nada.

Nora Torres © Junio de 2018

Imagen: Pixabay (tinyurl.com/ycqvbrcs)

 

Translating The Heartless Translator into Italian, the Language of Love!

Il traduttore senza cuore (Un piccolo esercizio di traduzione)

When Tiziana Raffa volunteered to translate The heartless translator, a short story, into Italian and Chiara Bartolozzi agreed to edit/proofread her translation, I was far from imagining how fulfilling and joyful the experience would be. They are both the nicest people to work with, and I think these two lovely translators enjoyed working together and exchanging views and opinions.

You can see the Italian team’s work below (in green font), following the English source (in Italics), and the Spanish translation (in blue font).

I hope you enjoy the reading and look forward to seeing this piece translated into other languages as well!

 

The Heartless Translator | El traductor sin corazón | Il traduttore senza cuore

Once upon a time, there was this poor translator with a worn-out heart.

Había una vez un pobre traductor con el corazón maltrecho.

C’era una volta un povero traduttore dal cuore malconcio.

 

After living a thousand loaned lives and riding the frantic roller coaster of getting into and out of the skin of a myriad of characters penned and fleshed out by others, after spending a thousand sleepless nights and dreaming of unsolvable ambiguities and impossible deadlines when he did get some sleep, the fibers of his heart had gotten threadbare.

Después de vivir mil vidas ajenas y de subirse innumerables veces a la frenética montaña rusa que supone meterse debajo de la piel de incontables personajes creados y narrados por otros, después de pasar mil y una noches en vela y de soñar con ambigüedades insalvables y plazos de entrega imposibles cuando —por fin— conseguía dormir un poco, las fibras de su corazón estaban deshechas.

Dopo aver vissuto migliaia di vite prese in prestito e aver più volte montato sulle frenetiche montagne russe indossando e togliendo i panni di una miriade di personaggi creati e illustrati da altri, dopo aver trascorso migliaia di notti insonni e aver avuto gli incubi a causa di irrisolvibili ambiguità e impossibili scadenze, quando finalmente riusciva a prendere un po’ di sonno, le fibre del suo cuore erano ridotte allo stremo.

 

Doctors were helpless at fixing such a life-threatening problem, until one of them came up with the idea of the clockwork machine.

Los médicos no habían podido remediar esta afección que estaba poniendo fin a su vida hasta que a uno de ellos se le ocurrió la idea de recurrir a un mecanismo de relojería.

Nessun medico era in grado di risolvere questo problema che stava mettendo a repentaglio la sua vita, finché uno di loro ebbe l’idea di ricorrere a un meccanismo di orologeria.

 

It was implanted right inside the hollow space that used to hold his heart, and it started working right away—tick, tack; tick, tack.

Se lo implantaron directamente en el hueco que solía ocupar el corazón, y el aparato comenzó a funcionar de inmediato con su rítmico tic-tac, tic-tac.

Glielo impiantò direttamente nello spazio vuoto dove un tempo era situato il cuore e il meccanismo iniziò immediatamente a funzionare: tic, tac; tic, tac.

 

The translator soon recovered his health, but never got his magic back.

El traductor pronto recuperó la salud, pero sus palabras nunca recuperaron la magia.

Il traduttore riacquistò subito la salute, ma non recuperò più la magia delle sue parole.

 

He was still able to translate to the best of his mind, but he was missing a heart.

Seguía poniendo toda su inteligencia al servicio de su trabajo… pero, ahora, le faltaba corazón.

Era ancora in grado di tradurre dando il meglio di sé con la mente, ma si ritrovava senza più un cuore.

 

And a heart is not something a translator can do without.

Y corazón es algo que a un traductor no puede faltarle.

E il cuore è qualcosa di cui un traduttore non può fare a meno.

 

Meet the Italian Translator: Tiziana Raffa

Picture_Tiziana Raffa

Tiziana has worked as a freelance translator and interpreter EN/ES>IT since 2012. She has a Bachelor’s Degree in Translation and Interpreting and a Master’s Degree in Modern Languages for International Communication. She has also earned a 1st Level Master’s Degree in Translation and Interpreting at the SSML “Gregorio VII” (Advanced School of Modern Languages for Interpreters and Translators) in Rome and a Master’s Degree in Audiovisual Translation: Localisation, Subtitling and Dubbing at the Instituto Superior de Estudios Lingüísticos y Traducción in Seville. As an interpreter, she has taken part in various conferences in Rome. She is currently working as a freelance audiovisual translator and proofreader for Studio Asci in Crema, a small town in the north of Italy, and for Grupo Mediapro and P4 Traducciones, two audiovisual translation agencies in Seville. You can find her on Twitter and LinkedIn.

And the Italian Proofreader: Chiara Bartolozzi

Picture_Chiara

Chiara is a freelance professional translator, interpreter and a copywriter-to-be owner of One Sec Translations. She translates from English, Spanish and (Simplified) Chinese into Italian. Although her specialisations are fashion, journalism, tourism and advertising, she also currently translates technical and legal documents from English and Spanish. Cinema and TV series addict, music lover, she deeply loves the English language and its culture as much as the Eastern one.

You can find her on FacebookTwitterInstagram, and LinkedIn.
Her Website: www.onesec-translations.com

 

 

 

El traductor sin corazón (Un pequeño ejercicio de traducción)

En 2012, escribí The heartless translator. Se trata de un minicuento de ficción científica, escrito en inglés, acerca de la necesidad que tenemos los traductores de poner el corazón en lo que hacemos.

Pensé que sería una buena idea hacer el ejercicio de traducirlo al español, ¡y me encantó hacerlo! Me tomé algunas libertades, lo cual supongo me está permitido. Debajo pueden leer el original (en letra cursiva) y la traducción (en redonda de color azul). Acepto críticas, sugerencias y, por supuesto, si a alguien le interesa traducirlo a otro idioma, ¡pues bienvenido/a! Lo publicaríamos con el debido crédito.

The heartless translator

El traductor sin corazón

Once upon a time, there was this poor translator with a worn-out heart.

Había una vez un pobre traductor con el corazón maltrecho.

After living a thousand loaned lives and riding the frantic roller coaster of getting into and out of the skin of a myriad of characters penned and fleshed out by others, after spending a thousand sleepless nights and dreaming of unsolvable ambiguities and impossible deadlines when he did get some sleep, the fibers of his heart had gotten threadbare.

Después de vivir mil vidas ajenas y de subirse innumerables veces a la frenética montaña rusa que supone meterse debajo de la piel de incontables personajes creados y narrados por otros, después de pasar mil y una noches en vela y de soñar con ambigüedades insalvables y plazos de entrega imposibles cuando —por fin— conseguía dormir un poco, las fibras de su corazón estaban deshechas.

Doctors were helpless at fixing such a life-threatening problem, until one of them came up with the idea of the clockwork machine.

Los médicos no habían podido remediar esta afección que estaba poniendo fin a su vida hasta que a uno de ellos se le ocurrió la idea de recurrir a un mecanismo de relojería.

It was implanted right inside the hollow space that used to hold his heart, and it started working right away—tick, tack; tick, tack.

Se lo implantaron directamente en el hueco que solía ocupar el corazón, y el aparato comenzó a funcionar de inmediato con su rítmico tic-tac, tic-tac.

The translator soon recovered his health, but never got his magic back.

El traductor pronto recuperó la salud, pero sus palabras nunca recuperaron la magia.

He was still able to translate to the best of his mind, but he was missing a heart.

Seguía poniendo toda su inteligencia al servicio de su trabajo… pero, ahora, le faltaba corazón.

And a heart is not something a translator can do without.

Y corazón es algo que a un traductor no puede faltarle.

 

Texto original de Nora Torres © 2012 Todos los derechos reservados

Traducido por Nora Torres © 2018 Todos los derechos reservados

Embarking on the translation of clinical trial documents? Make sure to bring the right gear! (Revised and expanded)

When you translate clinical trial documents, you may be helping a patient with things such as starting a clinical trial or an investigator read the clinical research protocol in his or her own language. Your work counts. Your work is important. Your work affects the lives of many people. And you’are driven to work hard. Responsibly.

Translating clinical trial documents

Now, there’s no denying that translating clinical trial documents can be a tough nut to crack. Actually very hard if you don’t have access to the right tools and resources. So if you intend to dive into the depths of this mighty river, make sure to bring the right gear.

Below you’ll find a handful of helpful resources that can help you assemble a powerful English-Spanish translation/writing kit:

•  Access to the Medical Dictionary for Regulatory Activities (MedDRA) through Tremédica (International Association of Translators and Editors of Medicine and Allied Sciences).

If you need help getting started with the MedDRA, you may want to check An introduction to MedDRA for medical translators by Emma Goldsmith on her blog, Signs and Symptoms of Translation.

•  A subscription to Cosnautas, including:

•  Fernando Navarro’s authoritative Libro rojo (the Red Book);

•  NEW! Diccionario de investigación clínica (DIC), a must-have English-Spanish dictionary of clinical research terms, by M.ª Verónica Saladrigas;

•  Siglas médicas en español, a repertoire of initialisms, acronyms, contractions and symbols used in Spanish medical texts, also compiled by Fernando A. Navarro;

•  Árbol de Cos,  a collection of links to Internet resources for medical translators and writers, compiled by Laura Munoa, with the assistance of Fernando Campos Leza, and María J. Hernández Weigand); and

•  Alergología e inmunología, an English-Spanish dictionary of allergology and clinical immunology, by Juan Manuel Igea Aznar.

•  Pablo Mugüerza’s Manual de traducción inglés-español de protocolos de ensayos clínicos (English/Spanish Clinical Trial Protocol Translation Handbook), a Fundación Dr. Antonio Esteve publication.

•  Glosario EN-ES de ensayos clínicos (Glossary of clinical trials, ENG-SPA), by María Verónica Saladrigas, Fernando A. Navarro, Laura Munoa, Pablo Mugüerza, and Álvaro Villegas, a Tremédica publication.

•  Clinical Research Glossary, a publication of the Clinical Data Interchange Standards Consortium.

•  Diccionario de términos médicos, Real Academia Nacional de Medicina.

•  Stedman Bilingual: Medical Science Dictionary, English-Spanish, Thomas Lathrop Stedman, Editorial Panamericana.

•  MediLexicon online database of pharmaceutical and medical abbreviations.

•  Glossary of Pharmaceutical Terms, English-Spanish, WHO Collaborating Center for Pharmaceutical Pricing and Reimbursement Policies.

•  Diccionario de anatomía e histología, by Francisco Speroni, Editorial de la Universidad de La Plata, Buenos Aires, Argentina.

•  A Spanish-English glossary of genetics, by Emma Goldsmith on Signs and Symptoms of Translation.

•  Vocabulario inglés-español de bioquímica y biología molecular (English/Spanish Biochemistry and Molecular Biology Glossary), by María Verónica Saladrigas, M. Gonzalo Claros Díaz, and Diego González Halphen, a Tremédica publication.

•  A Spanish-English statistics glossary for clinical trials, by Emma Goldsmith on Signs and Symptoms of Translation.

•  Medical Translation Step by Step: Learning by Drafting, by Vicent Montalt and Maria González-Davies, Routledge.

•  Cómo traducir y redactar textos científicos en español, Reglas, ideas y consejos, by M. Gonzalo Claros Díaz, a Fundación Dr. Antonio Esteve publication.

•  SEQC’s Manual de estilo para la redacción de textos científicos y profesionales (Style Guide for Scientific and Professional Writing).

Please note this style guide does not incorporate the latest changes introduced to the Spanish grammar by the Royal Academy of the Spanish Language, which you can find here.

You can also refer to Spelling and Typographic Standards of the new Ortografía de la lengua española (2010) as Applied to Biomedical Publications in Spanish: An Overview, by Manuel José Aguilar Ruiz, a Tremédica publication.

•  5000 frases precocinadas para textos científicos, by Pedro Margolles García, a NeoScientia publication.

•  A Practical Guide to Self-Reviewing Your Translation Work, an e-book intended for new translators and others interested in implementing a systematic self-review process.

I hope this will serve as a starting point for building your own resource portfolio. Please feel free to share your thoughts in the comments section of this post. And, of course, happy translating!

A Practical Guide to Self-Reviewing Your Translation Work

ACE Your Post-Translation Process and Pre-Delivery SAFE Checks

This e-book is the first in a series of summarized publications that are part of the Skill Building for Translators (SBT) Program. It is intended for new translators and others interested in implementing a systematic self-review process.

Hopefully, after reading this guide you will have a better understanding of the steps needed to self-review your translation work thoroughly, and an orderly method to do so methodically.

I am acutely aware of the fact that this guide can be greatly improved and supplemented, and it will probably grow and develop over time. Your feedback is most welcome!

 

El traductor y la palabra perfecta (Un cuento corto)

 

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Se sirvió otra taza de café y siguió tratando de traer a la memoria la palabra que lo había tenido en vilo toda la noche. Sabía que la había visto… ¿en un diccionario? ¿en un libro de medicina? La recordaba pequeña, escrita a mano, en letra apretada sobre un margen ajado.

También sabía que se le estaba acabando el tiempo, que el plazo de entrega se acercaba peligrosamente, pero no podía dejar de buscarla alocadamente entre sus libros y papeles viejos ni de escudriñar los complejos laberintos de su mente, acostumbrada ya a esas lides.

Cuando ya se estaba haciendo de día y casi sin esperarlo, la halló en un cuaderno de notas, tal como la recordaba. Se reclinó en la silla, sonriendo, y se dejó invadir por esa rara felicidad que tan bien conocemos los que nos dedicamos a este oficio.

Nora Torres

(Reescrito y adaptado del original, inspirado en recuerdos de la era preinternética)

© 2017

Todos los derechos reservados

The heartless translator (A short story)

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Once upon a time, there was this poor translator with a worn-out heart. After living a thousand loaned lives and riding the frantic roller coaster of getting into and out of the skin of a myriad of characters penned and fleshed out by others, after spending a thousand sleepless nights and dreaming of unsolvable ambiguities and impossible deadlines when he did get some sleep, the fibers of his heart had gotten threadbare.

Doctors were helpless at fixing such a life-threatening problem, until one of them came up with the idea of the clockwork machine. It was implanted right inside the hollow space that used to hold his heart, and it started working right away—tick, tack; tick, tack. The translator soon recovered his health, but never got his magic back. He was still able to translate to the best of his mind, but he was missing a heart. And a heart is not something a translator can do without.

Nora Torres © 2012 All Rights Reserved

El traductor feliz (un cuento corto)

 

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Había una vez un experimentado pescador que se hacía a la mar cada mañana, con la misma frescura y el mismo entusiasmo que un novato. Navegaba diestramente, recorriendo el agua oscura y densa de las palabras en busca de aquellas que necesitaba, como si en ello le fuera la vida.

Con el tiempo, había dejado de usar las toscas redes de sus comienzos para empezar a pescar con señuelo, desarrollando una técnica minuciosa, sistemática, que llegó a dominar con suma destreza. En ocasiones, se dejaba llevar por la corriente, indolente, y esos ratos de ocio le permitían descubrir matices, tonos, luces y sombras que enriquecían su escritura y encendían su creatividad.

Regresaba por la tarde a la costa, con el fruto del trabajo realizado en las complejidades del océano lingüístico: los sustantivos más adecuados, los adjetivos más acertados, los verbos más convenientes y los adverbios más felices, que iba hilvanando con preposiciones, conjunciones e interjecciones especialmente elegidas aquí y allá.

Trasnochaba sentado a la mesa de la cocina, poniendo la carga en orden, limpiando cada pieza y asegurándose de que todo estuviera en su sitio, en perfecta armonía y absoluto equilibrio. Entregaba su trabajo y se sentía el ser más feliz de la Tierra.

A la mañana siguiente, después de tomar una taza de café caliente y de comer uno o dos bollos, abría la puerta de la cabaña y, con el sol bañándole la cara, volvía a tomar la barca y a arrastrarla hasta la orilla de la mar, donde las palabras se rompían en blanca espuma y lo invitaban, una vez más, a comenzar otra jornada de trabajo.

Nora Torres

Traductora

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Freelance Lifehacking for Translators: Are you battling or fixing?

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What is battle-mode

Battle: 1250-1300; Middle English bataile < Old French < Vulgar Latin *battālia for Late Latin battuālia (neuter plural) gladiatorial exercises, equivalent to battu (ere) to strike + -ālia, neuter plural of -ālis.

Battle-mode is a state of mind whereby a freelancer undertakes gladiatorial exercises.

You might recognize this mode. When you’ve got a tight deadline on a nightmarish project, you might shift into battle-mode in order to finish your project on time. In general, battle-mode happens when you really need to fight through something.

Sometimes, there’s no other option than to fight through a problem, but other times we could solve the problem instead of fighting through it. I think we go through cycles of battling and big picture solutions, which is probably why vacations are crucial to performance.

Freelancers in particular have this problem

There are many benefits to being a freelancer. Everyone knows somebody who’s tearing it up on their freelancer lifestyle.

Yet, freelancers often have the battle-mode problem, because as a freelancer, you’re responsible for a whole lot of things: your computer, your budget, your house, your office, your chair, your desk, your health—in fact, you’re responsible for everything in your life, personally and professionally, plus your actual work.

As you work toward solving issues one by one, sometimes you can get into battle-mode and then forget that there was a solution to your problem in the first place. Freelancers can sometimes get stuck in battle-mode for several years, whether it’s an inadequately furnished home office, issues with late payments and rates, or stuff to do with the computer.

In fact, right now I’m sitting with awful posture on a kitchen chair, and I’m thinking back one year when I was sitting on this same chair thinking, “I’ll buy a fancy office chair this summer.” A few international trips and big expenses later and I still don’t have my new fancy chair. But why am I sitting on a kitchen chair? Because I’ve been in battle-mode.

Big battles and little battles

Freelancers can get into some huge battles. At the end of the day, the complete tilt toward self-reliance combined with the lack of guarantees and being the last one on the food chain (when the customer gets squeezed, who will they pay first?) makes many freelancers vulnerable to perfect storm scenarios.

If you have some financial difficulties, get paid late, lose a customer, incur some medical bills, etc. all at the same time, you could end up in serious battle-mode that goes beyond the office chair.

Regardless of the size of you battle, the solution is almost always to create some distance between yourself and the problem. Meditation is becoming a very popular thing to do, and I’ve noticed that freelance people in particular recognize the benefits.

Fixing vs. fighting

When you are in battle-mode, you can do very well at individual tasks, so it’s not a total failure. However, you can also lose track of the big picture and fail to make choices that would help you.

Case in point: I had been in battle-mode with my email client (Thunderbird) for months. It was working slowly and crashing. When I entered into my email, it was like I was a pirate raiding an 17th century clipper. “I’m going in! Aaaarrrrrgggghhhhhh!” And I would slay 10 second email loading times, crashes, and the archive button not working, all sorts of foes. My prize? Sending and receiving emails.

Why didn’t I fix it sooner? Because my customers were calling, the easy solutions didn’t work, so after fifteen minutes of “fixing,” I would inevitably go back to “work.”

So yesterday I fixed my email client, finally. It only took 4 hours, but now that my email is working, I realize just how bad my email client was! Why didn’t I fix it sooner? Because I was fighting! I would’ve been so much happier if I had fixed it months ago.

The solution: You deserve it.

Your customers are calling… But take adequate time to fix your problems anyway.

Ask yourself, What am I battling right now? When am I fighting and not fixing?

For freelance translators, aside from personal/business matters, this often means fighting with tools that you use and the types of jobs that you take. If your software setup is slowing you down considerably, maybe it’s time for a change. As with my email software, these are often the hardest to fix, not because they’re literally hard to fix, but because it feels like you’ve already invested so much in a way of doing things that it would simply be too hard to change. With many problems/solutions, what we often don’t realize is just how good things can be after fixing the problem.

Another good idea is to look at intermediate steps, rather than waiting for big solutions. If you’re saving money to get a new office chair, maybe you can go get an old one somewhere in the meantime.

Tackle those fixes as if they were little investments that will pay you back over time. I think you’ll be glad that you did!

Who wrote this guest post?

Robert Rogge (Thank you, Robert! You rock!)

Robert is CEO of Zingword, launching soon… A place where translators get great jobs and businesses can find them easily. Launching a startup is not easy, so he’s been trying to stay healthy and take care of himself while also building Zing.

 

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Robert digs literature, cooking, travel, music, running, swimming, and basketball, and is hosting a podcast for translators, Translator City Radio, which recently added a cha-ching sound effect to the mix. Lately, he’s been listening to Vaporwave.

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